“En la medida en que apartemos la obsesión por la economía, por el dinero,
y rescatemos los valores culturales, recompondremos el país y, paradójicamente,
también nuestra economía”
Tomás Eloy Martínez
Entender que a la falta de seguridad en las calles, a la escasez de medicamentos en los hospitales, a la depreciación salarial y la inflación, al desempleo estructural que aqueja el país desde hace años, al descreimiento hacia la clase dirigente, al incremento alarmante de la delincuencia juvenil y otros males coyunturales, puede oponerse la acción cultural como alternativa de contención social e inversión en el plano espiritual, suena más como una utopía que como una realidad concreta. Pero implica un desafío que compete a todos los actores que de una u otra manera están vinculados al campo de la creación y gestión cultural. En este sentido, pueden observarse algunos ejemplos en el ámbito nacional y provincial, y es desde esta perspectiva que la cultura se nos presenta como una alternativa válida y eficaz de resistencia social a la crisis.
Pensar en un proyecto a largo plazo en la ciudad de Mar del Plata, vinculado al campo de la programación musical, ha de ser el principal motivo que justifica la realización del Festival Nacional de Pianistas. Promover la realización del proyecto, alienta su rasgo de diversidad, persistencia y evolución. Por tanto, un evento cultural cuyo cronograma de actividades propone cierta continuidad, generará nuevos espacios, todo esto enmarcado en una misma propuesta.
Generar espacios para las manifestaciones artístico-culturales de la ciudad implica el doble desafío de, por un lado, satisfacer la demanda de diversos grupos pertinentes a la actividad y por otro, establecer focos con alto nivel de atracción para sectores que habitualmente no se vinculan con la actividad o disciplina programada. Llegar con la propuesta a tal diversidad de públicos compromete no sólo una programación atractiva, poco común y de calidad, sino también estrategias publicitarias y de difusión diferenciadas a las que habitualmente se recurre; también la difícil tarea de generar nuevos significados a la participación de conciertos y actividades cuyo foco de desarrollo es la música académica.
Recuperar parte de lo que fue aquella localidad cultural del pasado ha de estar presente a la hora de plantear la realización del Festival Nacional de Pianistas. Intervenir con propuestas que reflexionan y se acercan a partes de nuestro pasado, configuran identidades que, si bien no son aquellas, las reincorporan y redimensionan en tiempo presente.
En las jurisdicciones públicas, tanto los programas de cultura municipal y provincial como aquellos que promueven el turismo en la ciudad de Mar del Plata, tienen vigentes actualmente leyes que especifican el aval de proyectos culturales como el planteado. No por ello, ante las circunstancias que acontecen nuestra realidad actual, han de ser prioritarios, pero seguramente sí apoyados.